domingo, noviembre 15, 2009

Las puertas del tren se abren.
Su espacio abierto es como el marco de un lienzo.
En el, como un cuadro de Modigliani se dibuja una chica, a su lado, un chico la abraza, sus ojos centellean como si la noche hubiera vertido todas sus estrellas.

Se despiden con un beso.
Sus labios se quedan pegados un instante, ella cierra los ojos, como si sus parpados fueran persianas echadas en una tarde de verano.

Echa a correr y sube al tren.
Las puertas se cierran.
El cuadro se apaga.

Y dentro de mi, algo abre las compuertas de una presa, sus aguas liberadas de su jaula corren veloces, ascienden y en una catarata infinita rebosan por mis pupilas.

A mi izquierda una vieja teje un minúsculo jersey, "para mi nieto", parece escrbir con sus manos.
En el vientre de su hija un pequeño pececito aletea, ella siente el movimiento y una descarga de felicidad la recorre.

Mi corazón se vuelve árbol, un árbol de cuyas ramas no cuelgan hojas, sino páginas de calendario.


La mecánica del corazón no puede funcionar sin emociones.

lunes, noviembre 09, 2009

Dos ancianos
Se odian.
Pero tienen un punto en común.
Ese punto se llama Aurora.

Viven en el mismo edificio, en la calle ronda de Atocha en Madrid, cuando se cruzaban en el portal o en el ascensor un "buenos dias" surgía de sus labios, se saludaban con el afecto que da ser vecinos en una ciudad de asfalto y cristal, un saludo frío, de cortesía.

Embuídos en sus problemas, una pequeña pensión que poco les dejaba más que para pagar sus gastos, en un caso, fotos amarillas de un amor que le acompañó casi toda la vida. Ocho años hacía que, como él decía le habia abandonado, dejándole solo en este mundo, simplemente a la espera de volver a encontrase con ella, su vida era una sala de espera. El otro caso, un solitario empedernido, a veces huraño, cuando le daba por hablar de él, en muy contadas ocasiones, decía que la vida lo había convertido en eso, que él antes no era así, pero que un amor lejano le partió el corazón en tantos trozos que nunca hubo nadie capaz de juntarlos de nuevo.

Asi eran aquellos dos ancianos, juntos en un mismo edificio, pero separados por sus vidas.
Hasta que llegó ese punto en común. Ese punto en común llamado Aurora.

Quiso el destino que el Ayuntamiento por las fiestas del barrio organizara una cena-baile "para mayores", en el buzón sobresalía la invitación.
En aquella colmena que eran los buzones dos sobres sobresalían.
Y como si el destino quisiera jugar con ellos, dió la casualidad, que a las 11:13 minutos de una mañana, ni un minuto menos ni un minuto más, los dos coincidieron enfrente de sus respectivos buzones.

Uno abrió el sobre, el otro también.
Leyeron la invitación.
Uno esperó que el otro dijera algo.
Un silencio.

- "Pues habrá que ir" - soltó de pronto sin convencimiento.
- "Pues habrá que ir" - corroboró el segundo, pensando para sí mismo que si aquel iba, él no iba a ser menos.

Y allí estaban ellos, puntuales, por que ¡cómo iba a llegar uno antes que el otro!. Se sentaron separados, mirándose de reojo, como si aquello fuera una competición, no hablaron mucho ,cenaron tranquilamente mientras observaban el local y al resto de las demás personas.

Cuando la cena acabó, pasaron a otra sala más grande, una pequeña orquesta amenizaba la noche, algunos, los más atrevidos ya habían empezado a bailar, otros buscaban el mejor sitio para sentarse, ver si ser vistos.

Ellos hicieron los mismo, cada uno por su lado, el más atrevido de los dos pidió un whisky con coca cola, el otro se limitó a una cerveza.

La música no dejaba de sonar, a veces era un pasoble, otras, se atrevian con alguna version moderna de algún éxito del verano, cuando entre la gente apareció ella, Aurora. No era muy guapa, pero su rostro aún conservaba una belleza serena, lo que más llamaba la atención era su estilo, su forma de andar, su elegancia.
Alguién se le acercó invitándola a bailar pero ella educadamente rechazó la proposición, miró a uno de los viejecitos, en su mirada parecía preguntar por qué no se animaba a probar suerte. El viejo bajó los ojos, bebió un trago largo de la cerveza y se quedó mirando. El otro aprovechó la indecisión, se acercó y sin esperar una contestación de ella, la sacó a bailar.

Desde lejos él vió como ambos reían, bailaban, se lo estaban pasando realmente bien, y sin embargo él se acercó a la barra pidió otra cerveza y entre la espuma ahogó sus recuerdos.

Al poco rato ella se acercó a pedir algo, el otro anciano había ido al lavabo, cuando pasó a su lado, ella se presentó:

- "Hola, me llamo Aurora" - Le tendió la mano. Él le devolvió el saludo.
- "Esperaba que me sacaras a bailar, tu amigo es muy simpático".
- "... Él no es mi amigo, ¿por que lo dice?....".
- "Bueno, así me lo ha indicado, cuando me dijo que eras un poco timido y que no serías capaz de sacar a nadie a bailar".

Aquello rebosó su paciencia, dejó el vaso de cerveza sobre la mesa, la cogió por la cintura y se deslizó con ella hasta el centro de la pista. Cuando el otro anciano salío del cuarto de baño, buscó con su mirada a Aurora, al verla allí bailando, sintió un calor interior, una rabia como hacía años no sentía.

La noche para Aurora pasó entre los bailes de uno, y de otro, aquello se convirtió en una lucha silenciosa, por ver quien bailaba y pasaba más tiempo con ella.

Aurora disfrutaba con ello, no había maldad en sus actos, pero sentirse como una jovencilla "perseguida" por dos hombres, le encendían sus mejillas.

Aquello sólo fué el comienzo, unas tardes las disfrutaba en el cine con uno, otras se dejaba invitar por el otro en un café de los Austrias. No les ocultó que quedaba con los dos, no pretendía hacerles daño, y en alguna ocasión intentó quedar con ambos a la vez, pero ellos se negaron en redondo, aquellos momentos que pasaban con ella eran un llama encendida en sus vidas.

El tiempo pasó, volando, como pasa el tiempo cuando uno no está pendiente de esperar a que llegue nada, sólo vive.
Pasó el otoño, alfombrando de amarillo y naranja las calles de Madrid, abriendo la puerta a un invierno frío y seco.

Aurora enfermó.

Y allí delante de la puerta de la habitación del hospital, dos ancianos con un ramo de flores cada uno en la mano, se pelearon.
Volaron por el pasillo las margaritas y los claveles, los enfermeros casi no podudieron sujetarlos.

Afuera el cielo desprendía bolas de algodón.
Esa fué la primera ver que le llevaron flores a Aurora, pero no sería la última.

Los dos ancianos ya no volvieron a hablarse, si se cruzaban de camino al hospital uno esperaba a que el otro se fuera.
Y sin embargo algo, que ni ellos mismos sabían. les unía, la esperanza de que Aurora saliese pronto del hospital.

Una noche aquel punto en común se difuminó, como esos que dibujan degradados de un color a transparente, ella se fué.

Cuando uno de los ancianos llegó al hospital, y subió a la habitación, vió al otro sentado en una silla en el pasillo con la cabeza entre sus manos, maldijo para sus adentros no haberse podido levantar antes para llegar más temprano.
Cumpliendo con el trato no hablado de esperar "su turno", recorrió el pasillo en dirección de la salida, pero al pasar por la puerta de la habitación, vió la cama vacía, se giró, el otro anciano no estaba esperando en la silla, estaba... estaba llorando. De su mano cayó lentamente aquellos dulces que tanto gustaban a Aurora, sus piernas temblaron, y sin saber por qué se acercó a la silla, puso su mano en el hombro de aquel viejo, el otro levantó la vista entre sus lágrimas y sólo pudo ver a un ser tan triste como él se sentía , se levantó y los dos se fundieron en un abrazo.

La segunda vez que llevaron flores a Aurora, no lo hicieron por separado, juntos fueron a su entierro, juntos se despidieron de ella.

Hoy los he visto otra vez, son las 8 y cuarto de la mañana, voy camino de mi trabajo, y al entrar en la estación de Atocha, en su invernadero, veo a los dos viejecitos, uno apoyado en el otro, uno ayudando a caminar al otro.

Entran en la estación y se sientan en el café enfrente de las palmeras y las plantas tropicales.

- "Hoy me toca invitar a mi al desayuno"
- "Vale, pero esta vez me dejaras que te enseñe mis fotos"
- "Pero si ya me las has enseñado mil veces"
- "Ya pero yo también he oido como te rompieron el corazón mil veces y sigo escuchando la misma historia"


Sobre la mesa de mármol, se desparraman las fotos amarillentas juntos los pedacitos de un corazon roto, y entre el café,dos ancianos sonrien y en silencio piensan... piensan en un punto en común.

Ahora se tienen uno al otro.

lunes, noviembre 02, 2009

Un día amaneció, con el cielo de un azul que recordaba a la mar, en esos días que invitan a echarse a nadar y nadar, sin parar, sin volver la vista hacia la playa.

Bajó a la acera, y a pesar de ser de día, sintió que en el cielo las estrellas estaban ardiendo.
Sobre el camino se dibujaron unas vias de tren, en linea recta, como aquel teorema en el cual las líneas rectas sólo se cortan en el infinito, así eran aquellas vías , dibujadas en línea recta... sin fin... y él se echó a andar , y anduvo... anduvo..., hasta que su alma le dijo "parate".

Cuando se dió la vuelta, simplemente se encontró perdido, con la sensación de que en alguna estación de tren todo se perdió.

Y volvió a caminar, porque como decía aquella canción.. "es mejor caminar que parar y ponerse a temblar".
Simplemente vagó por ciudades de rascacielos hechos de cristal, de desiertos donde la arena llegaba a cubrirte el alma.
Vagó por bosques repletos de flores aunque no recordase sus nombres, por valles dónde fué tentado a quedarse, pero al poco de pararse, las vías del tren volvían a aparecer y él vovía a echarse a andar.

A pesar de su viaje,cada noche de cada día, escribía, escribía una carta de amor, sin destinatario, sin nombre, por que en el fondo él sabia que cuando su viaje terminara, entregaria esas cartas, y de sus labios sólo una frase saldría: "las escribí por y para ti".

Hasta que un día siguiendo aquellas vías su alma le dijo "Párate", y él, ¿quién era él para no asentir a su alma?, se paró.
Y sobre aquellas vías se desparramaron sus recuerdos, el camino andado, las letras de aquellas cartas, las canciones, y se les quedó mirando, en silencio y quieto, como aquellas vías que seguían sin fin en línea recta y que... quien sabe quizás se juntaran en el infinito.

Recogió las palabras las depositó de nuevo en las cartas, y dejó lo demás sobre aquellas vías, "es hora de volver", se dijo y el alma asintió, "es hora de volver".

Y volvió a vagar por bosques repletos de flores cuyos nombres nunca llegó a recordar, por desiertos donde la arena cubría hasta el alma, por ciudades de rascacielos hechos de cristal.

Hasta que regresó.

A las casas blancas, a las calles por donde solía pasear, al café que olía a tiempo antiguo, y sin embargo tenía la sensación de que todo había cambiado, que aquellas ya no eran las calles, ni el café, ni su pueblo, incluso cuando bajó a ver el mar, su mar, tenía un color diferente.

Allí sentado en la arena entendió que a veces no es bueno volver al lugar donde se ha sido feliz.

Un figura se aproximó a él, se sentó ni muy cerca ni muy lejos, y le miró a la cara.

- Creo que adivinaras quien soy.
- Si, creo que si, me he dedicado a perderte más de una vez, y siempre que he vuelto a ti tu mirada era diferente.

La figura guardó silencio.

- Dueles, dueles mucho, un dolor que a veces creo que no llegaré a soportar.

La figura abrió sus brazos, y él cobijo su cabeza en el regazo de ella.

Sollozó.

Ella le acunó por unos instantes.

- ¿Vida?.- preguntó él.
- ¿Si?.- contestó ella.
- ¿Sabes que vendrá después?, A veces se me cansan las palabras.

La figura volvió a callar.

Sobre la arena de la playa aparecieron las vías de un tren, en línea recta, infinitas como si al final se uniesen para siempre.

Él se levanto, la figura ya no estaba allí.

Y comenzó a andar sobre las vías.

domingo, octubre 25, 2009

MI viejito

Hace tiempo...
Hace tiempo que no escribo de él.

Él.
Mi viejito.
Las calles se quedaron vacias, mis paseos se quedaron huecos, la mesa de aquel café Jamaica se quedó vacia... de nuevo.

Y a mis dedos les cuesta escribir sobre él, por que vuelven los miedos, vuelve aquel dolor, vuelve el olor a desinfectante, a silencio de pasillos infinitos, noches eternas que nunca terminan en un amanecer, vigilia en un sofá...

Un día llegó le vi apagado, sus ojos perdidos, su labios se abrieron.

-¿que tal mi amigo?-

Me dijeron un silencio, ese que no trae nada nuevo, roto por un palabra: cancer.

"No vayas a verme, no quiero, dicen que aún están a tiempo, que quizás la quimio me afecte, pero tenemos más cafés pendientes..."

Yo lloraba y él... era él el que me animaba, le miro y suspiro, y veo como vuelven esas noches, rezar cuando ya no queda tiempo, maldecir a un Dios que a veces se olvida de lo que es la justicia, y desear que pese a todo, sólo sea un sueño.

Pero llega el momento, en que la vida se lleva lo que más quieres, y te deja ese vacio que nunca podrás llenar, esa extraña sensación de que lo que parecía eterno ya no está.

El recuerdo de mi padre se cruza con el recuerdo de mi viejito, él aún sigue aquí, cumplí mi promesa y no he ido a verle, aunque algunas tardes como hace años, subía al circular dirección Moncloa, y bajaba frente al hospital Fundación R.Jimenez, alzaba la vista y alli pequeñito veía las habitaciones, desde fuera que distinto parece todo, desde dentro...

Luego alguien con una bata blanca, me decía como se encontraba, y entonces dudaba si subir o no, miraba el ascensor, y daba la vuelta.

Me quedaba el consuelo de pasear por la calle princesa, con mi música, llegar a Plaza de España, cruzarme con miradas y gente que fluye como sombras. Subir hasta Callao, de pronto una mirada, alguien aparta la vista, otro sonrie, y sientes que la vida se abre paso de extraña manera entre la tristeza y el adios, quien sabe si mañana, puede que mañana...

Ayer volví a hacer el camino, bajo el sol de un otoño que ya llegó, visitas de domingo al hospital, y busqué la bata blanca, y por un momento cuando en la pantalla no aparecía su nombre, el tiempo se detuvo, lo suficiente como para sentir un aliento gélido, y luego sus palabras...

"Le han dado el alta, parecer ser que ha tenido suerte, aún tendrá que hacer mucho reposo"

Suerte... buscamos en la palabra "suerte" y a ella nos agarramos como si nos fuera a salvar de un naufragio, "si tengo suerte", " ha tenido suerte", pero tambien la lanzamos la pisoteamos y la odiamos cuando algo no sale bien... "maldita sea mi suerte"

¿Tiene suerte mi viejito? ¿La tuvo mi padre?, no creo, la vida es así, juega entre las esquinas unas veces guiña un ojo, otras se rie, y otras ... desaparece...

Como un juego, unos se mueren cuando mas les gustaría aferrarse a la vida, y otros deseando irse sin que llegue ese tren.

Sólo deseo que un día cualquiera, cuando me asome al viejo café y en su puerta se amontonen los recuerdos, de cafés a toda prisa en mañanas de invierno, de esperas en la boca del metro, una mano me salude, unos ojos me hablen y de sus labios vuelvan a salir aquellas historias que fuí metiendo en mi mochila, como compañeras de viaje, viaje que sólo son paseos por mi Madrid, sin los cuales, quien sabe, problablemente no seria nadie.

viernes, octubre 09, 2009

El coleccionista de rarezas

Había oido hablar de él, pero nunca lo había visto.
Pensaba que era como esas leyendas urbanas, donde alguien dice que le han dicho que un amigo de otro amigo ha visto o vivido algo, pero nunca es el protagonista el que cuenta el suceso.

Y yo escuchaba con atención cuando me contaban cosas de él, pero siempre con incredulidad.

Pero un día...

Iba caminando de vuelta a casa, bajaba por la calle envuelto en mis pensamientos, con los cascos puestos, cuando siento que me agarran del brazo, asustado me giro y ante mi veo a un hombre de unos cuarenta y tantos, con una camisa blanca y unos vaqueros envejecidos. Me sonrie. Me quito los cascos y le saludo.

- Hola, dime..
- Hola. - Me contesta, y acerca a mi cara un botella de cristal vacía, la abre.
- Podrías susurrar algo bonito dentro de la botella, estoy coleccionando frases bonitas.

En ese instante me doy cuenta de que todo lo que había escuchado era real, que aquel personaje al que todos tildaban de loco, existía de verdad, "el coleccionista de rarezas" le llamaban alguno. Su sonrisa me pudo, e inclinandome sobre la botella susurre unas pocas palabras. Él cerró la botella rápidamente, se la puso a la altura de los ojos, la zarandeó un poco, y volvió a sonreir.

- Gracias, ya tengo todo.
- Espera un momento, - le dije - ¿que tienes?
- ¿No lo ves?, susurros, bellos susurros de sueños y nostalgias, te ví y sabía que tú me darías uno, Y aquí esta junto a los que me dieron en la puerta del instituto una chica de bellos rizos morenos, dos chicos, y una mujer con un bebe.

Me quedé mirándole, por un momento quise decirle que la botella estaba vacía, que no había nada dentro de ella, pero ¿quién era yo para romperle sus sueños?, quizás me vendría bien que me diera uno de ellos.

- Y dime, ¿que más cosas coleccionas?, es cierto ¿que tienes cosas que nadie guarda ya?
- Si, siiii, tengo un montón de cosas en mi casa,- parecía un chiquillo excitado - tengo un tarro lleno de besos, una jarrón cerrado para que no rebose de espuma de mar, si acercas el oido puedo oir las olas. Una caja de madera repleta de sueños, en otra botella de cristal tengo un montón de miradas enamoradas, por la noche cuando apago la luz se encienden e iluminan toda mi habitación...
- Pero, ¿ de donde coges esas cosas?
- Uysss, si te fijas hay un monton de sitios de donde cogerlas, las miradas enamoradas las tomo del metro, cuando se miran algunos viajeros que ni se conocen pero coinciden día a día, mes a mes, las tomo del parque del Retiro cuando el sol de otoño aún calienta y deja atrás el verano, del parque donde van los niños a jugar con sus padres y estos los miran para que no se hagan daño... de la estación de Atocha cuando el tren parte y se despiden, de allí cojo muchas cosas. Tengo una jarrita llena de lágrimas de despedida y otra cajita llena de sonrisas de felicidad, tengo una bolsita llena de ritmos de latidos, esa la llené cuando vi a una pareja que fugazmente quedaba en la esquina de una tienda en la estacion de tren, ella llegaba corriendo, él llevaba esperandola un rato, sólo tenían un instante para verse, y yo abría mi bolsa y recogia los latidos de sus corazones, al principio los de él eran rápidos, latidos de espera, y los de ella llegaban cargado de prisas, luego como si existiera un hechizo entre los dos, mientras se besaban, los latidos se acompasaban en uno, mi bolsa se iba llenando de ellos, hasta que ella tenía que salir corriendo de nuevo, él se quedaba mirandola con una sonrisa de felicidad, a él tambien le he cogido para mi colección unas cuantas, y creo que guardé una o dos lágrimas suyas.
Pero no sólo colecciono esas cosas, tengo más, tengo un cajón lleno de hojas de otoño, rojas y doradas, que cuando llega la primavera se visten de verde, guardo gotas de lluvia de los días que hay arco iris, por que cuando las pongo al sol reflejan en mi pared todos los colores.
También tengo guardado bajo llave en un armario, en cajas de zapatos recuerdos, hay recuerdos inolvidables que cuando me siento triste los veo una y otra vez, en otra cajita guardo aquellos recuerdos dolorosos, pero esa caja no la abro, sólo la tengo pra acordarme que también existen.
Y luego una de las cosas que más me gusta es el último cajon de mi cómoda, lo tengo lleno de arena de playa. saco el cajón y esparzo la arena en el suelo suelto un poco de espuma de mar de la jarrita y suelo hacer algún castillo de arena como cuando era niño, luego cojo una pala y vuelvo a guardar la arena en el cajón.
Tengo entre mis libros fotos amarillas de un viaje precioso, a veces cuelgo las fotos de la pared, le pongo su banda sonora y si cierro los ojos estoy allí otra vez.

Estaba mirándole perplejo, no sabia que pensar, si en realidad era un loco, o era la persona más cuerda que había visto en mi vida, me dejé llevar y le dije:

- Si me esperas aqui un momento tengo algo para tu colección.
- ¿Para mi colección? ¿Estas seguro?
- Si, si, espérame un momento.

Corrí hasta casa, solté la mochila, y metí en una bolsa lo que quería darle.
Volví.
Desde lejos le ví, estaba hablando con un viejito, cuando me acerqué me enseñó su bolsillo.

- Mira, mira lo que tengo del ancianito.
-A ver...
- ¿Lo ves? Son gramos de dulzura y de ternura, de paciencia y de experiencia. pero dime ¿que me traes?
- Bueno, no sé si esto llegará a la altura de todo lo que tu coleccionas, pero te traigo una frasca, es mi "frasca de palabras", está llena a rebosar, y puedes abrirla y desparramarlas por el suelo, con ellas puedes viajar, puedes sentirte un guerrero en busca dde tu princesa, o ser un astronauta en una postal de navidad, puedes ... puedes soñar, ¡¡¡ sí, eso soñar !!!

Se quedó un momento mirándome, por un instante pensé que me iba a llamar loco, pero se abalanzó sobre mi, y me abrazó,

- Gracias, gracias, es de los mejores regalos que me han hecho en mi vida, no se como agradecertelo...
- Ya lo has hecho, contándome las cosas que coleccionas, me has hecho sentir

Le dí la frasca, él la tomo y la guardó en la bolsa con todo lo que llevaba, de nuevo me dió las gracias y sonrió.

- Me voy, tengo que ir a casa a dejar todo esto, y colocarlo.
- Si, llévalo con cuidado ¿vale? y espero volver a verte.
- Seguro que sí, muchas gracias de nuevo. Adios, hasta pronto.

No le volvía ver más, cuando conté lo que me había pasado, mis amigos me tomaron por loco, pero yo estaba seguro de que era real.
Unos meses más tarde me encontré con aquel viejito que había estado charlando con él, le pregunté por el chico, su cara se entristeció.

- Dicen que una mañana le encontraron muerto en su habitación, sobre el suelo había un enorme castillo de arena, todo ello decorado con palabras, de la pared colgaban fotos viejas, y un gran arco iris cruzaba la habitación, me dijerón que había un monton de cajas, botellas y jarras abiertas, pero lo más extraño de todo, era que sus ropas estaban empapadas de agua de mar, y que sonreía, sonreía como un niño. quizás es que siempre fué un niño, pero yo no creo que haya muerto, seguro que sigue escondido en alguna esquina del parque, o de la estación del tren con sus bolsas y sus botellas a la espera de guardar algo más para su colección. ¿Y usted que cree?

Por mi rostro una lágrima caía, la atrapé entre mis dedos.

- ¿Yo? yo ceo como usted, que en algún lugar sigue vivo, recogiendo todas esas cosas que nosotros soñamos.

Y saqué del bolsillo una botellita de cristal, metí aquella lágrima y volví a casa.

Sobre las aceras de Madrid, el sonido del mar rompía contra el asfalto.

lunes, octubre 05, 2009

El juego

Había recibido aquel sobre como el principio de un juego.
Todo por ser aceptada en aquel círculo que todos decían que era un privilegio pertenecer.

No fue muy difícil, ella podía presumir de su belleza, y de su cuidado cuerpo, ya sabía que aquello le habría muchas puertas, lo más extraño de todo fue el cuestionario, preguntas extrañas como aquellas que concernían a su vida privada, ¿Tienes novio? ¿Viven tus padres?...
Pero ella hizo caso a la persona que hacía de cicerone, era la única forma de entrar, ir de la mano de alguien.

Una vez que la aceptaron el siguiente paso era esperar ese sobre que tenía entre sus manos, donde el juego daba comienzo.
Abrió el sobre, en sus manos una hoja pequeña temblaba, como si las letras hubieran empezado a bailar.

Leyó la carta, era una invitación a "su" fiesta, una fiesta de presentación. Todo un misterio, pues sólo indicaba el lugar, la hora y la forma en la que debía vestir.

Aquellos días fueron eternos, en su cabeza sólo estaba ese día, esa presentación ,esa fiesta. Sobre la cama yacía el vestido que le habían mandado. Se lo probó sólo una vez, sobre su piel cayó la gasa blanca como lo hace la nieve sobre la cima de la montaña.

Cuando su cicerone fué a buscarla, no pudo frenar un gesto de sorpresa y aprobación, realmente su belleza llamaba la atención, y ese vestido se ajustaba a su cuerpo haciendolo aún más deseable. Ella sonrió maliciosamente.

Él abrió la puerta de aquel coche negro, y con una leve inclinación de cabeza ordenó al chofer que emprendiesen la marcha.
Sirvió dos copas de champan y brindó por esa noche, la noche de su presentación, ella se ruborizó un poco, los nervios se enredaron en sus manos.

Llegarón. Ante ella una gran mansión se alzaba imponente, por los ventanales podía oir las voces y la música de una fiesta que ya había comenzado. Él tomo su brazo y la acompaño hasta la puerta principal, allí la dejó mientras otra persona que ella desconocía la introdujo en el amplio salón, por un instante se hizo un silencio, algunas miradas la recorrieron, sabía que había causado el efecto deseado.

Le fueron presentando a los invitados, algunos de los cuales conocía por la televisión o la prensa, nunca pensó que podría llegar a alternar con tan selecta gente.

El tiempo fué pasando entre presentaciones, y copas de champán, alguno de los invitados se atrevió a tomarla de las manos y sacarla a bailar, lo que ella aceptó complacida.

Cuando de un gran reloj empezarón a sonar las 12 campanas, la música cesó, todo el mundo se mostraba expectante, justo en la última campanada las puertas se abrieron dando paso a un hombre de porte elegante, ella calculó que pasaría de los cincuenta, pero se conservaba bien.

Se acercó a ella despacio, y cuando estuvo a su altura, extendió sus manos, tomó las suyas y la música volvió a sonar.

La gente se abrió en circulo mientras ellos dos bailaban, ella se dejaba llevar, en su cabeza una suave niebla de alcohol iba cubriendo sus sentidos, las manos de él se deslizarón por su espalda descubierta, ella siente calor, un placer extraño que crece en su interior.

Él tira de los tirantes de su vestido que cae al suelo como una hoja de papel, siente rubor pero la niebla avanza en su cabeza y la adormece, siente como él se pega a ella su manos acarician su piel y sus pechos, bajan, los dedos de él se entrelazan en su tanga y de un tirón se lo arranca.

Ella intenta taparse, negarse, pero la niebla se enrosca en sus muñecas, en su brazos, y estos caen dejando ver su desnudez a todo el mundo.

Él la toma y la lleva hacia una mesa donde la tumba, a lo lejos ella oye unos murmullos, pierde la conciencia del momento y el lugar, percibe que aquel hombre se ha desnudado, sus manos acarician su cuerpo, siente sus dedos en su sexo, pequeñas oleadas de placer la sacuden...

Pierde la noción del tiempo, aunque sigue consciente, él la ha poseido, sobre la mesa, descansa y vuelve hacia ella, siente que le separa las piernas le roza suavemente y entra de nuevo en ella.

Se agita sobre ella, la niebla ahora llega cargada de placer, un placer que la recorre, se muerde los labios intentando no gemir.

Una mano acaricia su cuello y siente que la presión va aumentando, intenta pararle pero no puede, el placer se va perdiendo igual que su aliento,
mira a su alrededor, borrosas figuras aplauden. La mano se cierra sobre su garganta, intenta dar bocanadas de aire, con la esperanza de que sólo sea parte de ese misterioso juego, pero el placer ya ha desaparecido, y todo empieza a oscurecerse, todo se vuelve negro...

y la niebla deja paso a la noche oscura.

jueves, septiembre 24, 2009

Frasquita de palabras

Quería darte algo, algo que no fuera comprado, ni envuelto, ni fabricado.

Quería darte algo y limpié de cosas mi mesa de madera, aquella que se ha vestido de gala algunas noches, y puse sobre ella una hoja blanca como la espuma del mar, y un lápiz.

Quería darte algo cuando me puse a ecribir, quería darte una historia de un viejito por las calles de Madrid, o la historia de la niña del bosque y el niño del árbol, o escribir sobre aquel hombre que se perdió buscando el origen del arco iris.

Pero...

Cuando pensé que quería darte algo, sólo supe escribir palabras.

"tú" "yo" "complicidad" "sol" "nubes" "risas" "sueños" "pueblos" "mar" "luna" "noche" "beso" "volar" "patatas fritas" "bailar"
"niños" "amar"

Intenté ser como la costurera de palabras, y con ellas tejer una bonita historia. Por que quería darte algo.

Quería darte algo y miré aquellas palabras, entonces se me ocurrió una idea, de esas que tan pocas tengo, pero que algunas veces corren y se dejan atrapar.

Y volqué las palabras en una frasquita que tenía en mi alacena.

Quería darte algo y ya lo tengo.

Una frasquita con palabras para que cuando estes alegre la abras y las lances a la hierba mojada, y juegues con ellas escribiendo poemas.

Una frasquita llena de palabras para que cuando tengas ganas de bailar, las ates al hilo de una cometa y las veas volar.

Un frasquita con palabras para que cuando te sientes sola la abras, y escribas historias de sol y lunas, de paseos por la playa buscando pequeñas conchas , de tu y de mi.

Un frasquita llena de palabras para que cuando estes triste y con ganas de llorar, la abras y llores sobre ellas por que no destiñen, y compongas historias que te hagan sonreir.

Quiero darte un frasquita llena de palabras para esas noches de insomio, para que la abras y las desparrames por la sábana y la almohada, para que te susurren historias que te hagan soñar.

Quiero darte una frasquita llena de palabras para cuando yo no esté, para que las cojas y escribas, por que aunque no me veas sigo estando ahí.

Una frasquita llena de palabras para cuando te enfades conmigo, hagas un tirachinas con la "Y" y me las lanzes a la cabeza.

Una frasquita de palabras, para que cuando quieras la abras y cojas algunas, las metas en tu bolsillo y las saques a pasear.

Una frasquita de palabras para que las cuelgues como la ropa de tender.

Una frasquita de palabras para que la pongas una banda sonora.

Quiero darte una frasquita de palabras para que por la noche puedas contar historias a los niños, de castillos embrujados por hadas buenas, de caballeros salvados por princesas guerreras, donde el amor dura, lo que dura el amor.

Quiero darte una frasquita llena de palabras, para que la pongas al lado de la televisión y cuando la apagues, puedas verlas como bailan a la luz de las velas.

Quiero darte una frasquita llena de palabras para cuando te sientas enamorada, la abras y te las pongas encima como un perfume, para que te vistas de belleza y te desnudes de amor.

Una frasquita llena de palabras, para que escribas cartas, o mails, o sms.

Una frasquita llena de palabras, para que vistas la mesa de "manteles blancos" y "patatas fritas" y "lambrusco".

Quiero darte una frasquita llena de palabras para que de vez en cuando bebas de ella, y dejes que en tus labios se prendan las palabras.

Una frasquita llena de palabras, para que escribas mil y una historias o una y media historia,y las leas y las regales.

Quiero darte una frasquita llena de palabras para que cuando te asomes a la ventana a ver las estrellas la abras y dejes que una a una vuelen hasta la luna.

Te quiero dar una frasquita de palabras donde siempre, siempre ,estén "tu", "yo", "complicidad", por que así no tendré que escribirte más historias, que quizás no te gusten por que aparece la palabra "nostalgia", y por que así, sabré que podrás escribir la mas hermosa de las historias el dia que tu quieras.

Una frasquita llena de palabras donde sólo falte la palabra "miedo", para que nunca más la escribas, para que nunca más la digas.

Y por esto y por mucho más, quiero regalarte una frasquita llena de palabras.

Niko
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